Buenas tardes y saludos a todos.
A muchos nos ha sorprendido que el Papa haya dedicado a la ecología un documento tan importante como es esta su segunda encíclica, que lleva por primera vez no un título latino como todas, sino en italiano “L
audato si´”, tomado del Cantico de las Criaturas de san Francisco de Asís: Alabado seas mi Señor por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba”.
Su lectura, a la que me he dedicado por diversas encomiendas, me ha impresionado; es mucho más que una encíclica sobre ecología, como podría pensarse en un primer momento. En ella se contiene una visión muy lograda y muy necesaria sobre el hombre, la sociedad humana y su relación con la Creación.
Hacia el final del documento el Papa se sincera diciendo que la encíclica “es una reflexión gozosa y dolorosa a la vez”. Es gozosa porque nos invita a alabar a Dios por algo que nos suele pasar desapercibido: la belleza armónica y fascinante de su obra creada, que transmite toda ella un destello de su Creador. Y, al mismo tiempo, es dolorosa porque lleva a constatar como el pecado y la soberbia del hombre, de todos nosotros, está destruyendo esa Creación de la que deberíamos ser custodios y no dueños despóticos y abusadores.
La LS se dirige no solamente a los católicos, sino a todos los hombres y mujeres de buena voluntad que viven sobre la Tierra y que se sientan concernidos por esta urgente llamada al cuidado de la casa común del que depende nuestro futuro. El Papa dice que quiere dirigirse a cada persona que habita este planeta.
Después de una introducción la encíclica se estructura en seis capítulos
Podemos decir que es la primera vez que una encíclica se centra exclusivamente en esta cuestión, aunque no es la primera vez que la Iglesia se pronuncia sobre ello. La LS cita muchas veces a San Juan Pablo II, así como al papa emérito Benedicto XVI, que también llamó repetidas veces a una conversión ecológica global y a vivir una auténtica ecología humana.
1. LO QUE LE ESTÁ PASANDO A NUESTRA CASA.
Si tuviese que elegir una frase que resumiera el capítulo sería esta del número 48: “El ambiente humano y el ambiente natural se degradan juntos, y no podemos afrontar adecuadamente la degradación ambiental si no prestamos atención a las causas que tienen que ver con la degradación humana y social. De hecho, el deterioro del ambiente y de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta”.
Para el pensamiento del Papa, la misma lógica de codicia y falta de valores que lleva a consentir la pobreza, la desigualdad, o, con, sus palabras, al descarte de los más pobres de la humanidad, es la que lleva a degradar, sin freno alguno, el ambiente. Los pobres y la Creación son objetos de abuso de la inequidad humana.
Esta idea es muy oportuna también para denunciar cierto pensamiento ecologista perverso, que pone todo su interés en salvar un árbol, un paisaje o un animal pero que no se conmueve por la muerte de los inocentes sean los pobres, o sean por ejemplo los niños víctimas del aborto entre nosotros. La ecología cristiana sólo puede ser integral y hay que luchar con igual fuerza por unas causas que por otras.
El primero de los problemas acuciantes que aborda es la contaminación y el cambio climático. Sobre esta cuestión se ha hecho mucha demagogia de una parte y de otra, y se ha convertido en bandera política lo que es una causa humana, porque a todos nos afecta. Ello provoca que se derritan los polos y otros hielos antes perennes, el constante crecimiento del nivel del mar, que va a hacer desaparecer en las próximas décadas muchas regiones hoy habitadas, y fenómenos meteorológicos extremos como inundaciones, tifones, sequias, etc. Este calentamiento global se debe a la concentración de gases invernadero fruto de la acción humana, sobre todo a la quema de petróleo y carbón, que hace que los rayos solares no se dispersen sino que se concentren sobre la superficie de la tierra. A ello se suma la desforestación por lo que hay menos árboles para captar esos gases y transformarlos en oxígeno.
La problemática es muy grave y no se trata sólo de salvar al oso polar, como a veces se dice a modo de chiste; es un fenómeno que va a hacer sufrir a muchos millones de personas en las próximas décadas ya que una cuarta parte de la población mundial vive junto al mar y la mayor parte de las mega-ciudades son costeras. Cuando toda esa gente tenga que irse de allí habrá un problema social gravísimo para poder reubicarles dignamente; ya hoy, aunque no se hable apenas de ello, hay cientos de miles de refugiados que huyen no de la guerra sino de la desertización de sus tierras, que les deja sin posibilidades de subsistencia. Igualmente las mayores temperaturas, que alteran los ciclos de las estaciones, hacen que se desarrollen anormalmente plagas e infecciones que afectan a las cosechas y a las personas.
Otro problema muy serio es la generación de desechos; ya no podemos asumir las toneladas de basura que diariamente producimos por el estilo de consumo que llevamos; las cosas ya están hechas con una caducidad programada: ordenadores, teléfonos, muebles, todo… como dice el Papa “la tierra, nuestra casa, parece convertirse cada vez más en un inmenso depósito de porquería”. Afortunadamente cada vez se recicla más, pero mucho menos de lo que sería necesario, y hay naciones en las que ni existe el reciclaje aún. Por cierto… ¿Creemos que es un pecado grave generar indiscriminadamente basura y no esforzarnos por reutilizar y reciclar? Seguramente aún no…. Pero debemos tomar conciencia de ello. Y si alguno no se lo cree ahí tiene esta frase del Papa: Un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios.
Aborda también la cuestión del agua. Es verdad que en una tierra rica en agua como la nuestra, aún no caemos en la cuenta de lo que supone la escasez de agua salubre, aunque un año de sequía como este nos hace tocar la realidad. Se puede hablar ya de una gravísima pobreza del agua en muchas partes del mundo, que está en relación directa con millones de muertes cada año por cólera y otras enfermedades por falta de higiene. El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la supervivencia de las personas y por eso es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos. La lucha por el agua va a ser una de las causas de conflicto del siglo XXI.
La pérdida de biodiversidad: cuando aún ni conocemos todos los seres vivos que habitan en este planeta, cada año se extinguen miles de especies por la actividad humana indiscriminada. No tenemos derecho a acabar con la obra del Creador y, necesariamente, esto nos pasará una grave factura como especie.
Unido a todo esto está el deterioro de la calidad de vida humana y la degradación social. El crecimiento brutal de las ciudades que se convierten en estructuras ineficientes.
Apunta también la LS como un signo de esta degradación el desempleo de los jóvenes, el consumo de drogas y las adicciones, la comunicación digital que nos aísla de relaciones verdaderamente humanas.
El último de los problemas abordados, que afectan a nuestra casa común, es la inequidad (desigualdad) planetaria. Toda esta degradación del medio natural no afecta por igual a toda la humanidad ya que los que vivimos con recursos tenemos más posibilidades de combatir estos efectos adversos, pero los más empobrecidos no los tienen. Esto provoca que los problemas que les afectan preocupen menos y se conozcan menos, se les considera un mero daño colateral. El Papa denuncia como a veces coexiste un “discurso verde” con un olvido del sufrimiento de los pobres, por lo que invita a escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres, a acompañar siempre el planteamiento ecológico de un planteamiento social. Algunos creen que la solución a estos problemas es reducir la natalidad mundial para que haya menos personas a consumir recursos, pero el verdadero problema es sus distribución desigual; cuando los poderosos dicen hay que bajar la natalidad de los países pobres, incluso presionando a sus gobiernos como hace la ONU para que fomenten el aborto, están en realidad diciendo tiene que haber menos pobres para poder consumir al mismo ritmo sus recursos… es algo inmoral que clama al cielo. La deuda externa de los países en vías de desarrollo es imperdonable pero no interesa hablar de la deuda ecológica para con ellos, de la contaminación emitida a una atmósfera que es de todos, a unos océanos que son de todos, por no hablar de la voraz extracción de sus recursos naturales para nuestras industrias.
Todos estos fenómenos terribles le llevan a decir algo que parece fuerte pero es muy real: “Si alguien observa desde afuera la sociedad planetaria se asombraría ante semejante comportamiento que a veces parece suicida” (55).
. La Iglesia no tiene la solución a estos problemas, como afirma el Papa, pero se ve en la responsabilidad honda de animar en sus fieles ese reorientamiento o conversión que, como especie humana, debemos dar si no queremos destruir la obra del Creador y, con ella, a nosotros mismos.
2. ¿QUÉ TIENE QUE VER ESTE ANÁLISIS CON LA PASTORAL DE LA SALUD?
Ante este análisis tan crudo de la degradación de la casa común, la Pastoral de la salud, como todos los demás ámbitos de la pastoral de la Iglesia, se ven profundamente implicados. Hoy la pastoral de la salud, y no quiero extenderme sobre ello porque hay aquí personas mucho más expertas que yo en la materia, parte de un concepto amplio de salud humana, que no es la mera ausencia de enfermedades, sino como la definió en 1946 la OMS: “el estado de completo bienestar, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedades y dolencias”. Con esta definición se superó una concepción demasiado restrictiva. La salud presenta diversas dimensiones: la orgánica, la psicológica, la socio-ambiental y la ético-espiritual.
La Iglesia hoy habla decididamente de una pastoral de la salud y no de una pastoral de los enfermos. Como nos decía en las Jornadas Interdiocesanas desarrolladas en la Virgen del Camino en marzo, Mons. Jesús Fernández, de todos conocido y querido: desde hace más de 20 años se ha tratado de pasar “De una pastoral en la que prevalecía la resignación y la consolación a una pastoral que parte del designio de Dios en Cristo de ofrecer la vida en abundancia y del deseo del hombre a vivir en plenitud; y que considera la salud como un objetivo primordial y permanente… de una pastoral limitada a ciertos ambientes y momentos –hospital, tiempo de la enfermedad- a una pastoral que se inserta en el trayecto de los acontecimientos fundamentales de la vida, en la cultura subyacente, en el modo de vivirlos, en la red de factores que repercuten en el mosaico de la salud”.
La Iglesia no se quiere ocupar sólo de acompañar en la enfermedad y el sufrimiento, que ya es mucho sin duda, sino que tiene que ser promotora en el mundo de una cultura positiva del cuidado que haga frente a la extensión de la cultura de la indiferencia, que ignora al débil, al marginado, al enfermo, o a la misma Hermana Tierra, que dice el Papa nos está clamando ayuda como lo hacen los descartados del mundo: “Esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Entre los pobres más abandonados y maltratados está nuestra oprimida y devastada tierra, que gime y sufre con dolores de parto” (2)..
3. LA SOLUCIÓN: CONVERTIRSE A UNA ECOLOGÍA INTEGRAL
Si el ser humano no entiende bien su lugar en el mundo, termina por entenderse mal a sí mismo y contradecir su propia realidad. No sólo la tierra ha sido confiada por Dios al hombre, sino que el hombre es para sí mismo un don de Dios y, por tanto, debe respetar la estructura natural y moral de la que ha sido dotado.
La desmesura antropocéntrica de la modernidad debe ser superada volviendo a prestar atención a la realidad con sus límites y abandonado los sueños de Prometeo de ejercer un dominio absoluto sobre el mundo.
Hay que pensar que todo y todos estamos conectados; si el ser humano se declara autónomo de la realidad y dueño absoluto, la base misma de su existencia se desmorona, porque en vez de colaborador de Dios se convierte en su suplantador.
Para la Laudato si´ la relación entre una sana antropología y una sana relación con el medio natural es clave: no habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano. No hay ecología sin una adecuada antropología.
La ecología estudia las relaciones entre los organismos vivientes y el medio donde se desarrollan. Como todo está conectado, también exige discutir acerca de las condiciones de vida y de supervivencia de una sociedad, con la honestidad de poner en duda modelos de desarrollo, producción y consumo.
Cuando se habla de una ecología económica, se quiere considerar la protección del ambiente dentro del proceso de desarrollo de los pueblos; el análisis de los problemas ambientales es inseparable del análisis de los contextos humanos, económicos familiares, laborales y de la relación entre las personas. También la salud de las instituciones de una sociedad tiene repercusión en el ambiente y en la calidad de vida de las personas.
Se puede hablar también de una ecología social, en este mismo sentido.
Una ecología cultural porque junto con el ambiente natural, también el patrimonio histórico, artístico y cultural, está amenazado. La ecología también supone el cuidado de las riquezas culturales de los pueblos, ya que la cultura actual, globalizada y consumista, tiende a despreciar culturas y tradiciones locales en favor de una única cultura de masas. Generalmente la destrucción de los ambientes naturales conlleva la destrucción de las culturas que allí habitan en armonía con la naturaleza, así ocurre con los pueblos indígenas, arrojados a las ciudades donde malviven, para dejar paso a la explotación de sus recursos por compañías.
Hay además una ecología de la vida cotidiana, que implica analizar el espacio en el que transcurren nuestras vidas, las casas, los pueblos, las ciudades. Cuando el ambiente que nos rodea es caótico, sucio, feo, etc., es difícil que logremos una vida armónica y feliz. Así ocurre con la masificación de las grandes ciudades, la sensación de asfixia que produce la aglomeración de personas en algunos lugares. Es necesario cuidar los lugares comunes, los marcos visuales, etc., para que podamos sentirnos no como extraños, sino como verdaderos residentes. Los distintos elementos del lugar conforman un todo, que puede hacer agradable o desagradable la vida. La falta de viviendas dignas para una vida familiar normal es un problema grave y una cuestión central para esta ecología humana. Igualmente lo es la falta de transportes públicos en las zonas pobres o la falta de servicios en las zonas rurales que se van despoblando.
Por fin, la ecología humana implica incluso la relación con nuestro propio cuerpo, con la ley moral que llevamos inscrita en nuestra propia naturaleza. La aceptación del propio cuerpo como don de Dios es necesaria para acoger y aceptar el mundo entero como don de Dios y casa común, mientras que una lógica de dominio abusivo sobre el propio cuerpo suele traer una lógica de dominio abusivo sobre la creación.
Ya vemos que esta idea de ecología integral tiende a abarcarlo todo; es un concepto inseparable del de bien común. El bien común presupone el respeto a la persona humana en cuanto tal, con derechos básicos e inalienables ordenados a su desarrollo integral. En las condiciones actuales de la sociedad humana, donde cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos y básicos, el principio del bien común exige una opción concreta por los más pobres, primando en primer lugar su desarrollo y respetando su inalienable dignidad.
Esa noción de bien común debe llegar también a las generaciones futuras. Tiene que existir una solidaridad intergeneracional, pensar en cómo recibirán el planeta las generaciones futuras; si la tierra es un don que recibimos del Creador, no podemos pensar en ella sin legarla a los que vienen detrás, ya que les perteneces de igual modo. Una ecología integral posee esa mirada amplia.
Apela el Papa a una seria responsabilidad: “las predicciones catastrofistas no pueden ser miradas con desprecio e ironía. El ritmo de consumo, de desperdicio y de alteración del medio ambiente ha superado las posibilidades del planeta, de tal manera que el estilo de vida actual, por ser insostenible, sólo puede terminar en catástrofes (…) La atenuación de los efectos del actual desequilibrio depende de lo que hagamos ahora mismo, sobre todo si pensamos en la responsabilidad que nos atribuirán los que deberán soportar las peores consecuencias” (161).
4.- APOSTAR POR UN CAMBIO DE PARADIGMA HUMANO
El desafío al que se enfrenta la humanidad en nuestra generación es enorme y no se resolverá, en ningún caso, dejándolo pasar y esperando que por sí mismo se solucione. El ser humano debe reorientar su modo de concebir la realidad que le circunda, la ambiental y la humana, y, desde ahí, su modo de estar en ella, si quiere garantizar su supervivencia y la de las generaciones futuras en un mundo que, aunque no es aún el cielo ni la creación redimida anunciada por la escatología cristiana, es el mejor de los lugares posibles para vivir, salido de la inteligencia amorosa de su Creador.
El Papa nos dice “no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de los condicionamientos mentales y sociales que les impongan. Son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad. No hay sistemas que anulen por completo la apertura al bien, a la verdad y a la belleza, ni la capacidad de reacción que Dios sigue alentando desde lo profundo de los corazones humanos. A cada persona de este mundo le pido que no olvide esa dignidad suya que nadie tiene el derecho de quitarle” (20).
5.- Acciones importantes para una pastoral de la salud ecológica.
Termino con dos concrecciones. Son parte de lo que la encíclica llama en el capítulo sexto la “conversión ecológica”.
1º Pasar de la ecología como adorno a la ecología como modo cristiano de ser en el mundo.
A veces no cambiamos nada porque no sabemos o no queremos; el “siempre se ha hecho así” es un argumento que ya no basta. Nuestras instituciones de Iglesia deberían ser ejemplares en cuanto a la preocupación por el ambiente, ya que nosotros tenemos una motivación espiritual aún más honda, ¿son respetuosas del medio ambiente por ejemplo invirtiendo recursos en la adecuación de locales para una mayor eficiencia energética y un menor consumo de agua, combustible y electricidad? ¿Nos fijamos en la procedencia de los productos que consumimos y en la reciclabilidad de los envases? Si lo pensamos bien es un contrasentido promover la salud y al mismo tiempo no preocuparse por disminuir cuanto podamos el deterioro que causamos al ambiente que daña la salud de todos, especialmente de los más vulnerables.
2º Apostar personal y eclesialmente por promover un modo alternativo de entender la calidad de vida: todo lo que hagamos por concienciar de que la felicidad sustentada en el consumo y en el progreso económico imparable es una ficción, será un esfuerzo que redundará en la causa de los empobrecidos y de nuestro medio ambiente humano y natural, que se degrada por tanto abuso. Aunque nos parezca que es cosa de las administraciones públicas y sus campañas, concienciar en la vida sana, el reciclaje y la reutilización, el uso del transporte público, la moderación en el consumo y la alimentación equilibrada, es trabajar por la salud y la Iglesia, porque cree en la Buena Noticia de Jesús, tiene que ser una abanderada en ello. La encíclica lo llama un desafío cultural, espiritual y educativo que ha de impulsar procesos de regeneración que serán largos pero no imposibles.
GRACIAS POR LA ATENCIÓN.
“SALUD Y MEDIO AMBIENTE A LA LUZ DE LAUDATO SI”.
*Ovidio Álvarez Suárez.
Director del Secretariado Diocesano de Pastoral de la Salud.
Javier Menéndez Cayo.
*Juan Jesús Fernández Corral.
Párroco de La Robla. Canónigo de San Isidoro.
“Y VIMOS DIOS Y YO QUE ERA BUENO”
*Antonio Díez González .
Profesor de Enseñanza Secundaria
“SALUD Y ECOLOGÍA INTEGRAL SEGÚN LA BIBLIA.”
*Jesús García Recio
Director del Instituto Bíblico Oriental.
“LAUDATO SI…AL ATARDECER”
*Abilio Fernández García.
Capellán del Hospital de San Juan de Dios.
ORACIÓN MARIANA EUCARÍSTICA POR LOS ENFERMOS: VÍSPERAS.
*Manuel Fresno González.
Párroco.
EUCARISTÍA PARROQUIAL Y SANTA UNCIÓN COMUNITARIA.